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Bodegas Amézola de la Mora


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Vinoturismorioja nos habla de por qué visitar nuestra bodega

http://vinoturismorioja.com/es/visitar-bodegas-en-la-do-rioja/item/43-bodegas-amezola-de-la-mora

Bodegas Amézola de la Mora

Amézola de la Mora posee unos calados o cuevas de 1816 que figuran entre sus principales alicientes turísticos. Sin embargo, el aspecto más atractivo y singular de la bodega es su estampa exterior: un conjunto de tres edificios de piedra de aspecto decimonónico, rodeados de sesenta hectáreas de viñedo propio, en un paraje rural de gran belleza en el pequeño municipio deTorremontalbo.

La finca estuvo ligada durante generaciones a la familia de los fundadores, los hermanos Íñigo y Javier Amézola de la Mora, quienes decidieron a mediados de los años ochenta del siglo pasado restaurar las antiguas cuevas, ampliar las instalaciones y crear la bodega actual. La nueva empresa inició su andadura en 1987 y el último edificio fue concluido en 1999, a pesar de lo cual las distintas construcciones parecen coetáneas, con muros de piedra del mismo color y tejados rojizos de cuatro faldones.

Se accede a la bodega por un camino asfaltado que discurre entre las viñas de la propiedad. Las visitas guiadas comienzan en el exterior, en unos jardines que ofrecen una bonita vista de la finca y de la Sierra de Cantabria. Los depósitos de fermentación, de acero inoxidable, han sido instalados en el edificio original de la bodega, del siglo XIX, mientras que las barricas de crianza se encuentran en una construcción adyacente.

Las cuevas están excavadas bajo la bodega original. Se trata de un conjunto de galerías abovedadas, con arcos de medio punto de piedra de sillería y de ladrillo macizo, que pertenecieron al Conde de Hervías. Su datación precisa ha sido posible gracias a un antiguo plano conservado por la familia Amézola. En la actualidad son utilizados para el envejecimiento en botella de los vinos. Una de las cuevas, de muros de sillarejo, albergaba el antiguo botellero histórico de la bodega, que ha sido trasladado a un calado más angosto, todo de ladrillo, con salida directa al exterior.

El recorrido concluye en un salón-comedor con sofás de cuero, chimenea y vigas de madera, que puede ser alquilado como lugar de reunión y actos sociales. También se sirven en él menús cerrados para grupos, previa reserva. En este espacio se ofrece a los visitantes una copa de vino, generalmente tinto crianza. A la salida se ha habilitado una pequeña dependencia como enotienda.

Al margen de estas visitas guiadas, los propietarios han puesto en marcha en 2008 una oferta más amplia de actividades enoturísticas, que incluyen paseos a pie, a caballo o en bicicleta por el viñedo. De este modo se potencia el valor paisajístico de la bodega, un ejemplo de château bordelés poco frecuente en La Rioja.

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Iñígo Amézola un imprescindible

La Revista Sobremesa nos analiza y marca como imprescindible a nuestro Íñigo Amézola 2011.

Revista Sobremesa , marcado como imprescindible.

Revista Sobremesa , marcado como imprescindible.

 

 

http://www.quioscosobremesa.es/revistas/2015/index_sobremesa_noviembre2015_JN33248.html

Éxito de la primera jornada de maridaje en el restaurante Chalcha de Eibar con Bodegas Amezola De la Mora

 


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LOS CONSEJOS DE NUESTRO ENOLOGO GEORGES PAULI

 DECANTADORESTE MES… CUÁNDO Y CÓMO DECANTAR UN VINO

A veces es necesario decantar la botella, normalmente cuando se trata de vinos viejos,  de un reserva o un gran reserva, o bien vinos que no hayan sido filtrados. El proceso de decantar se realiza para depositar (decantar) las partículas en suspensión que pudiera tener el vino, generalmente materia colorante que con el tiempo en botella acaba precipitando. Es importante hacer notar que estas partículas no son malas, pero es algo incómodo beber el vino con posos.

Mucha gente utiliza el decantador como método de oxigenación, aunque no sea este su objetivo. Los vinos que han pasado por un largo periodo de crianza en botella, suelen estar “cerrados”, presentan aromas de reducción, que sería el efecto contrario a estar oxigenado. Esta reducción es la que podemos percibir en una habitación poco ventilada y en un vino da aromas a humedad cuadra, caballeriza o incluso estiércol. Aunque pueda parecer desagradable, lo cierto es que estos aromas desaparecen y no suponen un problema.

Para saber si un vino necesita oxigenación se debe de servir una copa y pasados diez minutos servir otra. Si se aprecian diferencias y una mejora en la primera copa comparada con la segunda quiere decir que el vino necesita oxigenarse. Aunque con la práctica, los aromas reductivos, “cerrados”, se perciben rápidamente y se aprende a detectar qué vinos requieren oxigenación.

La decantación permite que el vino entre en contacto con el aire, lo que llamamos oxigenación. De esta manera, se recuperan los aromas frutales del vino.

El decantador se recomienda que sea de cristal para que podamos apreciar el color del vino. El cuello debe ser más estrecho que el cuerpo, ya que así el vino se desliza por las paredes oxigenándose poco a poco y despertando los aromas de este, además de favorecer la ventilación, en caso de que requiramos una mayor oxigenación. Podemos escoger entre diferentes tipos de decantadores, según nuestras necesidades.